02787nam a2200301 4500003000800000005001700008007000300025008004100028020001800069020001500087040001700102041001300119050002300132100003800155240004100193245009300234260003700327300004500364490003100409500005000440520182700490650001502317650003402332650001502366650002702381700004602408830003102454BJBSDDR20240318104551.0ta231213s2021 sp 00| 0 spa d a9788417800963 a8417800964 bspacBJBSDDR aspahfre14aJC 421bG734e 20211 aGraeber, David Rolfe, d1961-202010aDémocratie aux marges. lEspañol13aEl Estado contra la democracia /cDavid Graeber ; Traducción de David Muñoz Mateos. aMadrid :bErrata Naturae,c2021. a138 páginas :bilustraciones ;c22 cm.1 aLa muchacha de dos cabezas aTítulo original: La démocratie aux marges aA ti como a mí nos han enseñado que la democracia es una invención occidental, que se la debemos a los antiguos griegos y que más tarde fue resucitada y perfeccionada en los siglos XVII y XVIII tanto en Europa como en Estados Unidos. Todo muy bonito. Y muy irreal. Porque no fue la «cultura occidental» la que hizo aparecer y prosperar la democracia. Ante todo, no debemos olvidar, tal como expone y disecciona David Graeber con extraordinaria lucidez, que si entendemos la palabra «cultura» en un sentido antropológico, todo parece indicar que la cultura occidental no existe. Y si entendemos la palabra cultura como sinónimo de Alta Cultura, no es difícil corroborar hasta qué punto, en tanto que adalides del Estado, esas élites políticas, económicas y artísticas, tanto en Occidente como en Oriente, se opusieron históricamente de manera firme y constante a la auténtica democracia (que identificaban con el poder caótico de la turbamulta). Por el contrario, David Graeber sostiene que la democracia solo nace y solo vive al margen de los sistemas de poder: tiene mucho más que ver con las prácticas de las comunidades fronterizas (ya sea en la Islandia medieval o en la Chiapas contemporánea, entre las tripulaciones de los buques piratas o en las confederaciones nativas americanas) que con el aparato coercitivo del Estado. Al fin y al cabo, en una sociedad como la nuestra, basada en las desigualdades materiales, el Estado es, en esencia, un mecanismo que, mediante el monopolio de la violencia, asume la protección de los bienes y la contención de las «masas» a las que la democracia real podría empoderar. Una poderosa reflexión que nos invita a cuestionar de forma radical nuestros sistemas políticos y su influencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. 4aDemocracia 4aFilosofía de la democracia  4aEstado, El 4aFilosofía política1 aMuñoz Mateos, David, d1988-etraductor 3aLa muchacha de dos cabezas